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Un abrazo deforme, un apretón que es a la vez refugio y prisión. La figura materna, envuelta en azul, se desdibuja, se funde con el paisaje que la rodea. Un cielo amenazante, campos de un verde inquieto, un rojo que anuncia un final.  Abajo, una cabeza agachada, perdida en la luz cálida de un amarillo pálido. ¿Rezo? ¿Sueño?  En este encuentro de colores y formas, resuena el peso de la memoria, la ineludible conexión entre el origen y el presente.  Un susurro que habla de cuidado, de pérdida, y de la eterna búsqueda de un abrazo que nos complete.

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Reflejo de luz de iPad.

2022, Óleo sobre tela, 147 x 116 cm.