Un suspiro de verano. Un encuentro fortuito, o tal vez no. Dos figuras, siluetas a medio camino, suspendidas en un mar de tonos vibrantes. Verde, un césped imaginario, donde los pasos se diluyen, donde el tiempo se estira y se contrae. La chica, con la ligereza de un pétalo, flotando en el aire, escapando. Él, en la quietud de la sombra, anclado a la tierra, observando. La esperanza se manifiesta en la mochila plateada, la incertidumbre en los pantalones cortos. Un diálogo silencioso entre la luz y la ausencia, entre la promesa y la memoria.

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2017, Óleo sobre tela, 27 x 35 cm.