Un abrazo que no alcanza. Manos flotando, ofreciendo consuelo o quizá, contención. El cuerpo agachado, un refugio en el gesto, la sombra de la angustia cubriendo el rostro. 

Color, vibración, un latido que resuena en la calma del fondo. Almohada blanca, lienzo de la fragilidad, sobre el que se debate la lucha interna. Un instante de silencio, previo a la tormenta, a la reconciliación o al eterno adiós.

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Piso de estudiantes I.

2009, Acuarela sobre papel, 11 x 22 cm.