Un umbral separa dos mundos que respiran al mismo tiempo: el rigor del dogma y la fragilidad del deseo. Mientras al fondo la liturgia sostiene una coreografía de fe, penumbra y hábito, en primer plano una presencia expuesta rompe el recogimiento con la honestidad de la piel. Es la tensión perpetua entre el espíritu que mira hacia el altar y el cuerpo que se reclama para sí mismo, un encuentro donde la devoción y la desnudez no se contradicen, sino que simplemente coexisten en el mismo aire denso.

Doble clic para pantalla completa, Esc para salir

El templo.

2010, Acuarela sobre papel, 23 x 31 cm.

Ver la publicación