La obra Voyeur de Juanma Moreno Sánchez trata sobre dos mundos que no llegan a tocarse. Por un lado, un nudo de jóvenes enmarañados sobre mantas de pícnic, un solo organismo de atención compartida. Sus extremidades se superponen, sus cabezas se inclinan hacia un centro común. Moreno los representa como una sola mancha de color húmedo, con sus formas individuales disolviéndose en el grupo. Por el otro, un hombre con un sombrero de paja que camina solo. Él y el grupo están a apenas unos metros sobre el mismo césped, pero el amplio abismo de papel sin pintar que los separa hace que la distancia parezca mayor. Son vecinos en el espacio, pero ajenos a la realidad del otro. Este tema del aislamiento social es una preocupación recurrente en la obra de Moreno de este periodo; pinturas como "Piso de estudiantes" y "Domingo por la tarde en el parque" también exploran con fascinación el modo en que los grupos pueden formar estas islas de sentimiento autosuficientes.
El título acusa a alguien. Un voyeur es una persona que mira cuando no debería. El sospechoso evidente es el jardinero, cuyo trabajo parece una intrusión en la escena pastoral. Pero no está mirando al grupo. Su postura está entregada por completo a su tarea, la mirada dirigida hacia abajo por la desbrozadora que sostiene. La suya es una mirada activa, mientras que el grupo parece absorto en un estado de ser, no de ver. La pintura propone dos formas distintas de estar en el mundo y las descubre mutuamente invisibles.
Esta composición de soledades solapadas encuentra un eco lejano en los grabados japoneses ukiyo-e del periodo Edo. En obras de artistas como Kitagawa Utamaro, las figuras a menudo comparten una casa de té o un paisaje, pero permanecen encerradas en sus propios gestos y pensamientos privados. No se trataba necesariamente de una visión de la alienación moderna, sino de la representación de un mundo social entendido como una colección de vidas interiores simultáneas y dueñas de sí mismas. La acuarela de Moreno, aunque nacida en otro tiempo y lugar, llega a un punto similar, y usa el lenguaje rápido y sugerente del medio para capturar los espacios psicológicos que se abren entre las personas, incluso en la más íntima proximidad.
Si el hombre no es el voyeur, ¿entonces quién lo es? El acto de mirar que más se asemeja a una transgresión es el del propio pintor. Por esa época, Moreno realizó toda una serie de obras tituladas "Stolen pic I", "Stolen pic II" y "Stolen pic III", que confiesan este tipo de robo. La acuarela, con su exigencia de velocidad, es el medio perfecto para un ladrón. Arrebata un instante, captura la esencia de una escena antes de que cambie o se dé cuenta de que la observan. El cuadro es la prueba del voyeurismo, la mirada capturada.
Quizá la clave esté en el par de chanclas blancas, abandonadas junto a las mantas. Son el único par perfectamente legible del cuadro, una imagen de conexión sencilla y serena en reposo, mientras que los humanos a su alrededor o bien están enmarañados o bien a kilómetros de distancia en sus pensamientos.