Un cuerpo descansa en el umbral de lo sumergido, suspendido en una pausa donde el agua y el aire se confunden. La calma es absoluta, una burbuja de tiempo detenido donde la gravedad parece haber perdido su peso. A su alrededor, la vida marina se desliza como pensamientos fugaces, pequeñas presencias que observan sin ser vistas. Hay una entrega total a la inmensidad azul, un momento de aislamiento voluntario donde el sujeto se vuelve parte del flujo, habitando el espacio exacto entre la superficie y el misterio de la profundidad. Es la representación de ese silencio introspectivo que solo el agua sabe conceder.

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Verano luminoso II.

2012, Acuarela sobre papel, 15,5 x 10,5 cm. Pieza vendida

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  • Vendida aun coleccionista privado (2013)