El ala de un ángel no es un instrumento para volar, sino un problema de peso, textura y luz. Es un objeto que hay que representar, una bella pieza de escenografía. El trabajo ocurre en el espacio que media entre el nombre magnífico y la cosa mundana.
Este es el espacio que ocupa Juanma Moreno Sánchez en Ángel I. El cuadro nos presenta los componentes de un ser celestial. El título promete divinidad, pero el lienzo nos ofrece un inventario. Aquí, un ala, lisa y blanca, apoyada contra un cuerpo como si esperara a ser acoplada. Aquí, un torso, representado con la lisura anónima y funcional de un maniquí. Aquí, una tela de un azul brillante, arrugada en el suelo como un disfraz que se ha caído. Los brazos de la figura se alzan en un gesto que podría ser de éxtasis o de rendición, pero sin un rostro no es más que una postura. El cuadro es una anatomía de un icono, el desmantelamiento sistemático de una imagen sagrada en las partes que la constituyen.
Esta frialdad analítica marca un giro en su obra. Una década antes, en una pequeña acuarela como “Paisaje con ángeles”, de 2010, lo divino llegaba con sigilo, un halo insinuado en un parque público. Lo angélico era una posibilidad que casi podías pasar por alto. Más recientemente, en cuadros procedentes de sistemas generativos como “Catástrofe en el bosque”, de 2024, lo sobrenatural estalla como un horror corporal, una fusión monstruosa de carne y paisaje. Ángel I, junto con sus compañeros de serie, propone una tercera vía. No sugiere ni deforma: disecciona. La extrañeza no proviene de un fallo en el código, sino de la manera tranquila y metódica con que un ser de puro espíritu es tratado como algo que se monta a partir de atrezo.
El cuadro dialoga con una historia mucho más antigua que el estudio. Parece una inversión del exvoto, esas ofrendas que tradicionalmente se dejan en las iglesias españolas. Esas pequeñas pinturas o placas de metal, a menudo de factura tosca, representan una única parte del cuerpo, una pierna o un ojo, que se ofrece en agradecimiento por un milagro. Son fragmentos de lo profano entregados a lo sagrado. Moreno Sánchez nos da lo sagrado en fragmentos. El ala, el cuerpo, el paño: son como reliquias despojadas de su historia, presentadas no para la veneración, sino para la inspección. La tradición del exvoto español es la de una fe desesperada y concreta; este cuadro parece ser un acto de catalogación.