Un abrazo frío y leal, casi un soplo de sombra. El perro, voluminoso y sombrío, inclina su cabeza hacia la quilla, un encuentro de dos mundos: la tierra firme y la promesa del mar. En su cuello, una bufanda dorada, como una armadura de sol, protegiendo del viento y la soledad. El azul, un telón de fondo pálido, perpetúa la espera, el viaje postergado. Una tristeza silenciosa, la memoria de algo perdido o por encontrar, se desprende del gesto. Quizás el eco de un adiós, o la esperanza, aún viva, de un reencuentro.

Doble clic para pantalla completa, Esc para salir

Monstruo del espacio latente (II).

2020, Óleo sobre madera, 25 x 25 cm.