Statement
Casi todas mis pinturas empiezan en una pantalla y terminan en un lienzo, por algo soy de la última generación (la milenial) que estudió sin pantallas, con papel y bolígrafo, aunque luego haya tenido que buscarse la vida en un entorno digital. Esta dualidad también se da en lo laboral; reparto el tiempo entre la artesanía del arte y el diseño y desarrollo de software, la más etérea de las artesanías.
La pintura
La pintura es una práctica tan vieja como la propia humanidad. Y un pintor puede trabajar una superficie tanto como quiera; los únicos límites de la pintura son el espacio y el tiempo. Estos son recursos infinitos en teoría pero finitos desde el punto de vista humano (el espacio que podemos abarcar y el tiempo de una vida).
Dedicar tiempo y espacio a una imagen que originalmente no lo tiene (un scroll no es un lugar físico, y el tiempo que se le dedica es mínimo) cambia su significado por completo. Al darle ese tiempo, esa importancia, estás recontextualizando la imagen, dando la oportunidad de encontrar nuevos significados. La propia artesanía hace ese mismo trabajo: un momento casual fijado al óleo toma otra dimensión.
Como norma general, cuanto más grande la obra y más tiempo se le dedique, tanto mejor.
Las imágenes descontextualizadas
Durante años las encontraba por casualidad en internet, que ya era un mundo visual prácticamente infinito antes de que llegaran las IAs generativas. Entre 2019 y 2023 empecé a usar redes neuronales (StyleGAN, BigBiGAN) cuando todavía “fallaban” considerablemente. Ese margen de error, el llamado “loss”, producía monstruos que no se le podrían haber ocurrido a ningún humano. Fruto de esa fascinación viene mi interés por pintarlas. Hoy esas herramientas han alcanzado una suficiencia formal que me interesa bastante menos: porque aciertan demasiado. La IA desde 2023 es aburrida por lo predecible, del mismo modo que es aburrida una conversación predecible o un libro predecible. Cuanto mejor, peor. El llamado “AI slop” inunda nuestra vida diaria de imágenes uniformes y carentes de toda personalidad.
“No mistakes, just happy accidents”, que decía Bob Ross. Lo que sirve al artista es el accidente, lo singular. El software que deforma una imagen hasta que aberra. El fallo es material de trabajo.
El fracaso
«He hecho muchas cosas porque he fracasado en todas ellas. Parto del fracaso como una de las Bellas Artes.» La cita es del polifacético Pepín Tre y explica bastante bien por qué acabo metido en técnicas y registros tan distintos. El genio y la inspiración son clichés cómodos y caducadísimos; lo que de verdad empuja a probar otra cosa es que la anterior fracase. El éxito, real o percibido, paraliza. O eso quiero creer yo.